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Un agente de Caos

Un artista se va haciendo en su obra, pero la obra no es cada cuadro. Es todo, es el viaje.
Yuyo Noé

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Texto: Alberto Sánchez Maratta – Fotos: Estudio a Pedal

En el silencio blanco del Centro Cultural Contegrand estallan dos pinturas inmensas, en formato mural (pero no tanto) y uno asiste como espectador privilegiado al final de ese estallido de la pintura que Luis Felipe Noe, Yuyo, un maestro de la pintura argentina, ha provocado.

Al acercarnos, sobre todo al mural que se llama “Nos estamos entendiendo”, nos damos cuenta de que lo primero que allí ha estallado, lo que falta, lo que ya no está, es el marco. Sería imposible o barroco –una de las formas de la imposibilidad- contener a estos fragmentos en un marco. Esa posibilidad se esfuma, y con ella, algunos prejuicios sobre la pintura de caballete.

Luis Felipe Noé nació en 1933 en Buenos Aires. En 1961 formó parte de la corriente llamada Nueva Figuración Argentina.

Hoy, con 78 años de vida y 50 cumplidos en el arte desde su primera exposición en 1959, sigue completamente vigente.

Noé ha recibido, entre otros, los siguientes galardones: Premio Nacional Di Tella (1963), Beca Guggenheim (1965 y 1966), Premio a la trayectoria artística de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1984), Gran Premio Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires (1997), Premio Rosario a la trayectoria, Argentina (2000) y Premio Konex de Brillante al mejor artista de la década en Argentina (2002).

Fragmento de “Nos estamos entendiendo”

Desafiar los límites en la pintura

Es como desafiar los límites dentro de cualquier cosa, es romper prejuicios.

Caminar, transitar, recorrer físicamente estas pinturas, como rutas para el ojo, pero también para el cuerpo entero. Descubro que estas pinturas tienen algo de ese paisaje que corre desde las ventanas de un tren. La misma sensación confusa de no saber si es uno o lo que se ve a través del cristal lo que está en movimiento.

La misma ensoñación: no saber, el caos del mundo circulando libremente en la delicada órbita de nuestros ojos.

La gente tiende a confundir el concepto de “caos” con el de desorden. Las categorías orden y desorden son del campo de lo estático, es decir: dejo la casa ordenada, a mi gusto y me voy, vuelvo y está hecha un despelote. Entraron de por medio los ladrones o la policía, que para el caso es lo mismo. Pero son situaciones: ordenado, desordenado. Caos no es sinónimo de desorden, caos es un orden muy difícil de pescar, pero es un orden subyacente al tiempo siempre permutándose.

Ese berenjenal me interesa, porque es el berenjenal de la historia donde estamos metidos. Yo creo que en este momento estoy encarando bien, por primera vez, lo que yo entiendo por caos. Porque no es necesario romper el plano, porque uno arma un despelote, ¿no?, y uno saca una foto del despelote y lo reduce al plano. Entonces hay que entender todo el conglomerado del plano, como si uno armara una foto de algo que está en permanente cambio. Por eso esta obra se llama La estática velocidad, porque la pintura es un arte estático; y velocidad, porque es una cosa que no se pesca en un instante, tenés que verlo, recorrerlo, descubrirlo, y eso, es todo un tiempo que a su vez es una acumulación de tiempos internos. Por eso yo creo que con esta obra es donde mejor he logrado mi búsqueda del caos, pero igual creo que me importa mucho todavía ese tema: fijar lo permanentemente en cambio es lo que me interesa.

Fragmento de "Nos estamos entendiendo"

Fragmento de “Nos estamos entendiendo”

Yo no creo tanto en la inspiración, creo más en algo que alguien llamaba “estado de trabajo”. El estado de trabajo es la musa. Creo que uno va siendo con su obra, y entonces es como uno se ve en el espejo. En distintas épocas nos vemos distinto.
Yuyo

¿Me gusta todo lo que veo en estos murales? No todo, o acaso, no todo con la misma intensidad. Es que son obras complejas, obras como resúmenes de obras, pero el problema es que algunos de esos resúmenes parecen provenir del futuro de Yuyo, y no de su pasado. Cambio la pregunta: ¿Me pueden gustar cosas que vienen de otro tiempo, de un tiempo por venir?

Yo, como audiencia de la obra del pintor, ¿el pintor piensa en mí como destino de su obra?

Absolutamente no. Las audiencias se crean, y se crean de pura casualidad. Vienen y te dicen: -¡Ah!, esto me gusta-, entonces decís: -Acá tengo uno-, y otro te dice: -Me parece una porquería- y bueno, ése no entra al club.

Estas pinturas que vienen en parte del futuro estuvieron exhibidas en la Bienal de Venecia.

Daniel Birnbaum, Curador General de la bienal de Venecia (2009) dispuso como ejes principales para ese año: “Proximidad del proceso de producción”, “Relación con artistas clave de otras generaciones” y “La exploración del dibujo y de la pintura”.

Todos esos conceptos parecían encajar con la obra de Yuyo, quien bien pudo haber enviado cómodamente algunas de sus producciones anteriores, pero eligió en cambio realizar estos dos murales nuevos. No se apoyó en sus laureles, no durmió en sus premios. Premios que, para nosotros, los despremiados de la vida, son muchos.

No crean que haya recibido tantos. He recibido premio al conjunto de mi obra. Premio a una obra específica, no tanto. Porque trato de no mandar a concursos o salones, mandé algunas veces, pero pocas.

Por lo general no mandaba porque no se puede jugar con la vanguardia, a portarte mal y que por otro lado te estén premiando, y yo no quería producirles orgasmos de placer a una cantidad de tipos en rechazarme, por lo tanto me abstenía. Los premios que he tenido son más bien a la trayectoria. Y no pienso que influyan en mis obras, porque es como si a un toro le das un premio y ni se da cuenta.

Experimentado voyeur, Yuyo juega a navegar las tumultuosas aguas de la historia del arte. Se sumerge en ellas, se nos pierde de vista, y al emerger de esas aguas nos muestra una idea que trae entre sus manos. En sus ojos brilla algo de picardía. ¡Un striptease muchachos! Grita, con alegría feroz, ¡allí abajo hay un striptease! Y recuperamos algo que dice sobre el arte abstracto: “es como un striptease del arte figurativo”.

Uno sabe que hubo pintura siempre, pero la historia de la pintura comienza en el renacimiento. A mí me interesa esa especie de limitación del concepto de pintura desde el concepto de la historia, donde dice qué es la pintura, definida y asociada con una cantidad de elemento que son del renacimiento, y formas representacionales del renacimiento y de contenidos literarios. Sin embargo, cuando comienza el manierismo y el barroco, es reivindicar la pintura por sí misma, por sus materiales y sus propias cosas. Y eso se va acentuando más o menos hasta el momento en que aparece en romanticismo, que es donde aparece también el modelo literario de la pintura, y empieza a entenderse cada vez más la pintura en tanto procedimiento en sí mismo, con lo cual empieza a emparentase como conciencia de arte más a la música, o sea, a puntos de referencia propios más allá del relato. Y ahí comienza el striptease, por ejemplo, una mujer que se agarra el corpiño y me lo saco no me lo saco, me lo saco no me lo saco y…¡pap!, se lo sacó, pero subrayó como importante eso que luego se iba a sacar. Entonces creo que la cantidad de etapas en la historia del arte son así. Por ejemplo: el impresionismo significó el abandono de la impresión, porque el post-impresionismo no tiene nada de impresión, es el puntillismo, Cezanne, Van Gogh, o sea, ya es otra cosa; así van los procesos.

El expresionismo era la aceptación del ‘yo’ y en realidad era el hartazgo del ‘yo’, porque de ahí nace Kandinsky y es como superar el ‘yo’.

Así se va produciendo cada vez más el striptease, donde cada vez es menos, menos, menos, porque se van sacando las cosas, hasta que creo que la crisis termina en 1965 con el arte conceptual. Y acá estamos, paralizados, creo que desde el 65 hasta ahora ha estado como en stand by, pero creo que ahora es distinto.

Va a empezar una orquestación de todo, no de abandono, sino de sumatorias, que es más coherente con el mundo actual, que es una sumatoria de cosas, ¿no?, pero utilizando todas las experiencias.

Parece que el tiempo pasó de otra manera mirando estas pinturas, porque noto que en las ventanas ya no está la luz de la tarde. Ha oscurecido, y un amable guardia me dice que el lugar está por cerrar. ¿Tanto tiempo pasó?

Extraño, pero probable. He pensado cosas extrañas mientras las miraba una y otra vez. Pensaba en como estas pinturas fueron interpretadas en Venecia como metáfora de la tierra recorrida por canales, pero también pensaba que la inestabilidad, el inquieto fulgor de estos colores hablaban acá en San Juan de nuestra inestabilidad. Creí notar que algunas de estas formas, temblaba.

Se puede pensar en el misterio de como una obra va buscando su lugar y en cómo la obra de Yuyo no dice lo mismo expuesta en San Juan (tan precario y sísmico) que expuesta en Venecia. Anoche me fui pensando muchas cosas después de ver la obra, pensando en qué sería de estas obras que requieren tanto tiempo y tanta acumulación de cosas y que ahora están en un lugar frágil y precario como San Juan.

¡Ah!, puede ser. Cuando yo hago una exposición, por lo general, siempre hay un cuadro que es la vedette, pero llevando la exposición a otro lugar, la vedette es otra. Puede ser, la mirada acá es diferente de otros lugares. Ésta obra tan grande y compleja son 2 bastidores, uno de 6,50mts y otro de 4,50mts que hace un total de 11mts de ancho, es muy delicado porque donde se divide el bastidor, como el método es papel pegado sobre tela, lo que en Francia llaman: malouflage, está disimulado ese límite con papeles que se adhieren.

Aunque, espero que a esta obra mientras esté en San Juan, no le pase nada.

Las risas cortaron, generando un humilde eco, el silencio de la temprana noche. Se había instalado allí, en el Contegrand, el dueño del caos.

Y todo guardaba un silencioso orden.

"La estática velocidad"

“La estática velocidad”

Yuyo, como gusta que lo llamen a Luis Felipe, presentó en San Juan la muestra RED. Esta contiene las pinturas murales que en junio de 2009 la Cancillería argentina envió a uno de los eventos más significativos del arte, la 53ª Bienal de Venecia. Son dos obras con dimensiones impactantes, que fueron expuestas a pocos metros de la Piazza San Marco, en una sala de la Librería Mondadori en Venecia.

La estática velocidad, una de estas pinturas murales, es una imponente idea de once metros de largo por tres de altura, un territorio cruzado por tensiones que determinan espacios de choque, donde se detiene o fluye la pincelada.

El segundo mural que se expone es Nos estamos entendiendo, una serie de quince pinturas de distintas formas, irregulares, montadas en cuadros de marco recortado que configuran islas de colores vibrantes.

Aunque cada pintura muestra un punto de vista diferente, cuando se contempla en lo grupal, en la observación completa, se presenta un concepto eslabonado, tomando un sentido holístico ante la mirada del espectador. En su afán por analizar la estructura del caos, que el artista atribuye al turbulento contexto histórico de nuestro país, envía el mensaje de que bajo una desordenada apariencia existe implícita la idea de cierto orden. Su vasta y compleja obra está hilvanada por ese orden que resiste bajo la existencia aparente del caos.

Íntimas Suculencias

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Texto: Alberto Sánchez Maratta – Foto: Estudio a Pedal

En “Viajes de un chef”, Anthony Bourdain escribe que “la mejor comida del mundo rara vez es la más sofisticada o cara”.

Si la idea es ir a ver box al Club Mocoroa, la experiencia comenzará por el olfato: caminando lentamente por la calle Mendoza, como mínimo a un par de cuadras, el perfume áspero y punzante que sale de los puestos de choripán aleja cualquier duda acerca de si estamos en el camino correcto.

San Juan, como toda ciudad, posee sus ritos secretos, y una velada boxística del club es uno de ellos.

Ya cerca, los rumores, el olor, una extraña tensión en el aire, van construyendo esa fábula urbana entrevista como en un sueño, a lo lejos, entre los espirales de humo de las pequeñas parrillas de los puestos.

En esa fábula, por supuesto, existen los héroes, los guerreros, alguna que otra doncella y claro, los alquimistas. Los héroes y guerreros se aprestan allá dentro, en las entrañas del club; su lucha será breve, pero intensa. El ring, semioscurecido aún, los espera. Las diosas que dispensan la gloria o la caída aguardan para elegir según su voluntad, que es indescifrable.

Pero afuera, donde los simples mortales caminamos, los alquimistas se mueven, brillantes de sudor sobre sus creaciones gastronómicas. Se trata de vender y rápido, en la noche apenas comenzada del viernes. Y los trucos para atraer a los que se acercan no dejan de multiplicarse: panes pequeños y crujientes, dorados y entreabiertos; pequeñas bandejas con tomates ya cortados, de un rojo que preanuncia lo que las luchas nos deparan, y con hojas de lechuga de un verde ya mustio pero aún reconocible.

Recipientes, frascos y cuencos con chimichurris de composiciones celosamente guardadas por sus dueños, recetas familiares o robadas, desde un suave ahumado hasta los picantes más extremos.

Pero es sobre los hierros de las parrillas que brillan los principales actores gastronómicos: chorizos de enigmática proveniencia, tanto geográfica como zoológica.

Aventurarse entre ellos es como aventurarse en el misterio último y central de esta fábula. Sólo los valientes, aquellos que ya no tienen nada que perder, sabrán cómo moverse entre el humo y el calor, entre el infierno de un picante que nos dejará mudos y la gloria del sabor de la grasa de un cerdo sacrificado en noches sin luna para nuestro deleite.

Hay que moverse con cautela, sin dejarse engañar por espejismos ni falsas promesas. En el laberinto de puestitos espera tal vez, el chori ideal, el irrepetible, el que agrupa la combinación perfecta de ingredientes y que ya nunca volveremos a probar.

Cuentitos del Tío Chimi

EL CATEDRÁTICO
1 taza de agua caliente
1 cda de sal
1/2 taza de orégano
2 hojas de laurel
3 cditas de ají molido
5 dientes de ajo picado
1/2 taza de aceite de oliva
1/4 taza de vinagre de vino
1 taza de perejil fresco
1 cdita de mostaza en polvo
Salsa tabasco a gusto

El modo
Preparar una salmuera disolviendo la sal en el agua caliente y dejar enfriar. Picar el ajo y el perejil finamente y agregarlo a la salmuera junto con el resto de los ingredientes. Batir bien y llevar a un recipiente con tapa hermética. Refrigerar al menos un día antes de consumir.

EL CALIENTITO
Entibiar aceite, agregar ají, ajo fileteado, sal, pimienta, 1 cucharada de vinagre.

EL COLORAO
3 partes de aceite, 1 de mostaza, 1 diente de ajo picado, ají rojo, sal y pimienta.

EL PISOTEAO
En un bol aplastar ajo y granos de mostaza con aceite. Agregar ají, orégano, romero, salvia y limón. Mezclar y dejar reposar.

PALA SAO
Aceite neutro (de girasol) ½ taza
Ajo, 4 dientes picados fino
Perejil picado fino, ½ taza
Sal gruesa, 2 cucharadas
Ají molido, 1 cucharada
Pimienta negra, 1 cucharadita

El Modo
Mezclar el ajo, perejil, sal gruesa, ají molido y pimienta, en un frasco de vidrio. Si se va a utilizar y no se desea guardar el sobrante, agregarle un chorro de agua hirviendo, de lo contrario obviar este paso. Incorporar el aceite, revolver bien y dejar reposar un rato para que tome sabor.

De la vida, el diablo y demás yuyos

En cualquier gran metrópolis llegar hasta el poeta más destacado de la ciudad hubiera resultado una odisea, sin embargo el reconocido poeta sanjuanino Leónidas Escudero con sus 91 años a cuestas es un ser tan humilde y accesible que nadie creería que en esa sencilla pero acogedora casa de paredes tan blancas habita uno de los mayores exponentes del arte y la cultura cuyana.

Texto: Laura Albertini – Fotos: Estudio a Pedal

VLOV entrevistó a Leónidas Escudero¿Cómo empezó a escribir poesía?
Empecé a escribir cuando iba a la Escuela primaria, porque mi maestra le daba a algunos alumnos un poema para que aprendieran de memoria, entonces con el tiempo me dije:
-“¿Por qué no hago yo también uno de estos?”
- Y encontré un pájaro muerto y ahí nomás le puse unas letras y dije: -“aquí está”-. Después abandoné ese arranque y cuando anduve por los campos intentando la minería escribí muchos papeles sueltos, entonces cuando volví con todo eso tuve la idea de pasarlo a un poema. Intenté uno, dos y hasta tres, con todos esos poemas hice mi primer libro: “La raíz de la roca” que quiere decir que tenía las raíces mías, sentimentales y emotivas, puestas ahí, en lo que andábamos buscando con otros amigos con los que me junté en Calingasta. Después volví aquí, me casé y empecé a escribir los recuerdos de aquellas andanzas, donde está el arriero Daniel Gonzalez un amigo que murió en los Cerros que dice: “Allá en los paramillos del Tontal, sacando pecho en la soledad, bajando mal herido, tropezando en el aire, se caía, cayó nomás, se le cortó la vida por lo más delgado de la tarde”.

¿Cualquiera puede escribir poesía?
Yo creo que es una necesidad de expresar algo. Empecé a escribir cuando volví de andar buscando minerales y me di cuenta que más que andar buscando el oro lo que buscaba era algo indefinido que buscamos todos y no sabemos bien que es lo que es. Hay una infinidad de personas que lo siente pero no les viene la inspiración para poder manifestarlo por escrito, entonces se queda dentro de ellos nada más y nunca se manifiesta.

¿Existe algún método para ayudar a esta inspiración a que se manifieste?
Creo que el método debe ser una cuestión natural que en algún momento llega y contribuyen algunas casualidades para poderlo llevar a efecto. También existe la palabra única que es dar con esa palabra que explica lo que uno no sabía explicar y que ha surgido no sabe uno de donde, pero que está y que tiene una importancia grande porque resume. La palabra única le aparece a uno y está diciendo lo que uno sabe que por el racionamiento de los pensamientos elaborados no va a salir, que va a salir como un reflejo mental de uno mismo porque es una verdad universal que la agarró en la palabra única.

Leónidas es literatura, poesía y canciones. Y todo esto es tan natural en él que te quedás con la certeza que nació al comienzo de una oración y que por eso mismo Leónidas es eterno.

Usted tiene un texto que se llama “La Creatividad” donde dice: “Luego ¿si nadie es creador que pasa? Nada. Y lo que usted espera es que un pájaro se pose por ahí cerca mientras está garabateando” ¿Realmente se da cuenta cuando ese pájaro tan hermoso se posa por ahí cerca mientras usted garabatea?
Uno se da cuenta a veces porque vendría a ser como si algo extraño le hubieran dicho de afuera, porque si se lo hubieran dicho de adentro seria el pensamiento que posiblemente está elaborando alguna mentira, mientras que si uno siente y se lo han dicho de afuera, dice: “Me he dado cuenta”. Y ese darse cuenta es un toque de adivinación en la persona y de ubicación de una lógica absoluta que no puede ser de otra manera.

leonidas-escudero-vlov¿Qué está leyendo ahora?
Hay algunos libros que tengo en una biblioteca que son de ocultismo, otros de búsqueda de esas cuestiones medio raras, y a veces me da por mirar esos libros, por ejemplo ayer estaba mirando uno que se llama “La lectura muscular” que dice que nosotros tenemos ciertas ideas a través de algunos reflejos musculares, como un TIC que le llaman algunos, pero que tienen una significación, y de curiosidad estaba leyendo eso que también habla del cuerpo astral y del cuerpo mental. Eso es lo que leo por curiosidad. Ahora en cuanto a autores nuevos voy leyendo los que me envíen sus libros en respuesta a una amistad o a algún libro mío que he mandado. Y más no leo porque no tengo tiempo. He leído mucho a los poetas de la generación del 27 de España como Alberti, Machado, Cernudas y algunos otros, pero con el tiempo me he olvidado y no recuerdo nada en especial, y eso que me ha gustado mucho lo que han escrito.

¿Considera que se está dejando de leer poesía?
Posiblemente sí, porque hay otras tentaciones para ocupar el tiempo como la moderna tecnología que cada vez evoluciona más. Entonces la juventud tiene más salida hacia esos pensamientos que se los entregan hechos en la pantalla.

Y mientras nos habla tan pausado parece que nos recita una de las tantas verdades que escribe con la perfecta caligrafía de sus dedos cansados de escarbar en las rocas.

¿Cómo se puede hacer para que la poesía sea nuevamente consumida por los más jóvenes?
Yo creo que no depende de la deliberada intención de una persona o del poeta, porque muchísimos lo pueden intentar y no llegan jamás. Por ejemplo hace poco salí en la revista Ñ de Clarín y también en Página 12 y no sé de donde salieron esas notas, no fue con una intención de que yo quiero que esto salga y que la gente me lea, sale como sale y se interesa el que se interesa.

Usted escribe mucho sobre sus amigos, las visitas, los cafés y los vinos. Hay un poema suyo que se llama “Visita de cumpa” donde usted dice: “Siéntese compadre y ende mientras tomamos un vinito, dígame de lo que venga” Cuando usted se junta con los amigos, ¿le gusta más la conversación o el silencio?
Me gusta el silencio pero participado, estar un poco en silencio y por ahí una palabra y después nos quedamos meditativos. Pero no la charla a borbotones como se habla muchas veces en una mesa, donde todos hablan todo el tiempo y al mismo tiempo y nadie se escucha.

También usted ha escrito mucho sobre el Casino y el juego ¿Nunca se le apareció el diablo a ofrecerle lo infalible?
No y ya no se me puede aparecer porque lo eliminé de las apariciones. Porque el diablo es el deseo interior de uno de querer ganar en el casino, pero es más bien un diablo ciego que quiere apostar a la bartola y hacerse rico esa noche, y empieza a perder. Cuando mete el pensamiento se funde, porque tiene que estar atento a distinguir cuando un pálpito es intuición que deriva de un misterio o de una adivinación, o cuando es un juego mental propio que va destinado al fracaso, a la pérdida siempre. Porque no sabemos si el deseo nuestro nos lleva a castigarnos a nosotros mismos con un masoquismo para que nos fundamos y nos duela.

El poeta es más que un miembro ilustre de nuestra cultura, es historia viviente, es un maestro y, por qué no, un chamán también.

¿Cómo es eso de que usted ha borrado el diablo de las apariciones?
Porque considero que el diablo es el pensamiento que proviene de nuestras ambiciones, que está dentro de nosotros y que en cualquier momento se transforma en pensamiento y nos impulsa a la acción, acción que se vuelve desmedida cuando nos empuja con fuerza a que hagamos tal cosa o que nos desquitemos con algo o que castiguemos a alguien, o que nos defendamos de causas hipotéticas, ese es el diablo. Entonces ¿cómo nos defendemos del diablo? Diciendo: “son pensamientos nomás, no le doy bolilla”.

En su libro “Verlas Venir” usted dice. “Prologo esto porque estoy conforme con lo que hice, aunque no pude más ni llegué a donde iba porque tampoco predije donde tenía que ir, entonces estoy conforme por haber caminado hacia una vez más”
Uno anda. Si se propone fines, a veces esos fines pueden ser equivocados, entonces trabaja toda la vida para un fin equivocado, por ejemplo para juntar plata para ser importante, para sacar pecho en las reuniones y si no se cumple eso se siente completamente humillado y frustrado, arruinado para el resto de la vida. Entonces uno, solo va andando por la vida.


 

Jorge Leónidas Escudero nació en San Juan en 1920. Abandonó sus estudios de agronomía y se dedicó a la minería. Durante años buscó oro y metales preciosos en las montañas de su provincia. Comenzó a publicar recién a los cincuenta años. Editó sus poemas en diarios y revistas del país y del exterior. Además obtuvo primeros premios en varios concursos e importantes distinciones de entidades culturales de la región de Cuyo. Sus poemas se encuentran en lugares públicos, como el grabado en piedra en el Monumento al Minero, en la plaza de la ciudad de La Toma, en San Luis. Fue incluido en la Antología de la poesía argentina publicada por Raúl Gustavo Aguirre en 1979. Su obra fue antologada en México por el poeta y profesor de la Universidad de Guanajuato Benjamín Valdivia, en 1990. Compuso canciones folclóricas, recopiladas en Aires de cordillera (San Juan, 1994), musicalizadas por José Luis Aguado Castro. Poemas suyos y referencias a su obra aparecen en diarios y revistas del país y del exterior. Obtuvo Premios y Distinciones de diversas entidades culturales nacionales e internacionales. La Fundación Argentina para la Poesía lo destacó como Miembro de Honor por la Provincia de San Juan y la Municipalidad de la Ciudad de San Juan lo distinguió por su trayectoria cultural. El Honorable Senado de la Nación le otorgó el Diploma de Honor. La Universidad Nacional de San Juan le otorgó en 2006 el título de Doctor Honoris Causa.

Publicó los siguientes libros: La raíz en la roca (1970) ; Le dije y me dijo (1978); Piedra sensible (1984); Los grandes jugadores (1987); Basamento cristalino (1989) ; La raíz en la roca (Antología editada en México) y Umbral de salida (1990); Elucidario (1992) ; 1993: Jugado (1993) ; Aires de cordillera (Álbum de catorce composiciones de proyección folklórica cuyana, con música de José Luis Aguado Castro, 1994); Cantos del acechante (1995); Viaje a ir (1996); Caballazo a la sombra (1998); Dibujos-poemas (23 dibujos de Malena Peralta y sendos poemas del autor. Edición especial de la Universidad Nacional de San Juan, 1999); Aguaiten (2000); Senderear (2001) y Le dijo y me dijo (Antología editada en México por Ediciones Azafrán y Cinabrio, 2006). En Ediciones en Danza publicó: A otro hablar (Antología, 2001): Verlas venir (2002); Andanzas mineras (72 poemas relativos a la minería extraídos de sus obras anteriores) y Endeveras (2004) ; Divisadero (2005) y Tras la llave (2006).

 

El club de la pelea

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Texto: Alberto Sánchez Maratta – Fotos: Estudio a Pedal

“Para el Estado, la mujer es la noche, más exactamente el sueño: el hombre es la vigilia. Ella no hace aparentemente nada, siempre es igual, un retorno a la naturaleza sanadora. En ella se sueña la generación futura. ¿Por qué la civilización no ha devenido femenina? ¿A pesar de Helena? ¿A pesar de Dionisio?”.
F. Nietzsche, “El nacimiento de la tragedia, fragmentos póstumos 1869-1872”, Paris: Gallimard, p. 268.

Los héroes y guerreros se aprestan allá dentro, en las entrañas del club; su lucha será breve, pero intensa. El ring, semioscurecido aún, los espera.

Las diosas que dispensan la gloria o la caída aguardan para elegir según su voluntad, que es indescifrable. Las tribunas de cemento, estrechas pero hospitalarias, transmiten el rumor de la popular desde los cuatro costados. Arriba, el cielo increíble aguarda también a sus favoritos.

Y al n, las luces del estadio desaparecen y el ring ota en la penumbra. Y la voz del presentador triunfalmente anuncia que ya se acerca la primera pelea de la noche. Desde el costado oeste aparecen los bravos luchadores amateurs. El color de los rincones es inconfundible: rojo o azul, como inconfundible es la corriente que nos atraviesa a todos ante un espectáculo inmemorial. La delgada gura de los luchadores repite una escena que acaso se representa desde los comienzos de la historia.

No les son ajenas a esta noche las guras de vasos griegos, los frisos de Roma la eterna, los polvorientos relieves de Egipto, las pinturas de América, las primeras películas y fotografías de la humanidad. Todos peleamos por algo, y ahora lo sabemos, porque lo podemos ver. Las dos primeras peleas resultan algo tibias, pero la voz olímpica ya anuncia que la tercera de la noche, será femenina. La luchadora más bajita, crédito local, se mueve nerviosa alrededor de su rival. Se escuchan nítidos los golpes sobre la piel, las voces de los entrenadores y la respiración de todos los que imprevistamente nos hemos convertido en voyeurs de algo que presentimos diferente. Y todo lo que pensábamos sobre los sexos se remueve incómodo en sus casilleros de siempre. No todo es ropa de luces, no todo es dominación y sometimiento. Acá se quiebra la historia consabida. Acá el sudor se suspende con nuestros alientos. Y es otra lucha antigua, pero oculta. Es todo aquello que desconocemos. Brillan los brazos cuya única joya son los vendajes.

A pesar de los cascos de protección, se perciben claramente: los ojos de ellas son brillantes, fríos, completamente distintos de las miradas iracundas de los varones. La técnica es precisa y delicada, las manos tejen, pero es otro el destino de esas puntadas y la historia que enhebran se cierra con cicatrices. Los músculos de las piernas vibran, pero el deseo es acá una fuerza más, un golpe más de abajo hacia arriba.

Los movimientos coordinados, las reglas de deporte, no pueden ocultar la transgresión a la que estamos asistiendo, a la escenicación de lo oculto. Circulan entre los espectadores congelados atisbos de erotismo, de violencia apenas contenida, de fascinación por esas guras que bailan, ajenas a nada que no sea el propio latido, la sangre cada vez más caliente en los rostros.

Los dioses antiguos, aquellos cuyos nombres hemos olvidado, eran animales, y así debían ser, para poder evadir las reglas humanas. Tal vez es ese regreso a una civilizada animalidad lo que nos perturba en esos músculos tensos, en esas manos que se disparan hacia el rostro ajeno. Caen las cenizas sobre nuestro cielo y los golpes adormecen aún más nuestra ya precaria cultura. La danza, el bailecito de los pies diminutos, la hermosa curva de una pierna que se exiona, los rostros que resplandecen de sudor sin maquillaje, los cuellos que guardan dibujos de sombra, las cinturas que requiebran en las ntas, las manos invisibles en los juegos malabares del uno-dos, los hombros subrayando un uppercut. El uppercut, ascendiendo, usando la fuerza de gravedad en contra de la rival, ¡cuántas heridas se abren entonces! El uppercut, comparado tantas veces con el golpe del asta del toro, con su mismo empuje, llena el Mocoroa de reminiscencias tan antiguas que la cerveza de nuestros vasos se evapora.

Y en los ardientes hierros de las parrillas, a un costado de las gradas, los maestros alquimistas apuran sus diabólicas invenciones. El paraíso y el infierno están acá, y visten shorcitos satinados y guantes de box.