La Salvación

Las Pelotas, el virus dentro del sistema o un método silencioso para curarse de la hipocresía.

Vamos a buscar
al enorme dragón
a su morada entre las ruinas de oro
 
La noche nos guía
al sol se asomará
y al volverse…
 
Lo obligaremos a dar su corazón
a dar el antídoto
contra todos los males de este mundo…

(Fragmento de «Contra todos los males de este mundo», de Luis Alberto Spinetta)

las_pelotas_estudio_a_pedal_03

Texto: Ernesto Corona – Fotos: Estudio a Pedal

«El primer motor para llevar adelante una obra como artista debería ser la pasión y no necesariamente estar enfocado todo el tiempo en hacerse rico», dice Germán. Y no descubre  precisamente un universo paralelo, o una fortaleza de ladrillos infranqueables, ni la cama de cristal de una princesa virgen o duraznos en la boca del dragón que canta Luis Alberto. Posiblemente, el pensamiento no sea nuevo, revolucionario. Ni siquiera extremista. Lo que lo hace distinto, es el valor real de quien lo dice. El carácter de practicante de quien transporta el mensaje.

Germán Daffunchio es un tipo simple, de pensamiento directo y llano, con una obra compleja, amplia, trascendental. Parece, por momentos, que Las Pelotas son una banda llamada a permanecer en la línea lateral de los grandes partidos. Pero si prestás atención, es como tener a Nieztche y Jesús gritando en la tribuna. Su posición –si es que la posición como estética cuenta– es salvaje y hermosa. Cuestionadora. Llama a una revolución poderosa. Acciona como tal, no simplemente como mensaje retórico.

Oktoberfest

Octubre, 2012, sábado, 1:15 de la mañana. Frío trasnoche. Salida de los camarines del recital. La combi, que lleva a las bandas del hotel al cielo y del infierno al hotel, nos mira estacionada en la puerta. Recién terminan de tocar en San Juan. Movimiento, gente que entra y sale. Algunos de los que entran y salen miran de reojo. Sale Daffunchio. Gorra, lentes oscuros, inquieto. Cara de partido. Muerto. Cansado. Buena onda, accesible, pero moribundo. Un muerto gentil.

¿Cómo estás Germán?, ¿nos das un rato para conversar?
—Bueno dale, si es corto, lo hagamos ahora.
Mirá, no nos gustaría que sea con apuro. No te preocupés. Lo podemos ver en otro momento. Queremos conversar un rato largo.
—Está bien. Vénganse a Nono y allá lo hacemos tranquilos.

La invitación era concreta: «vénganse a Córdoba, hablemos tranquilos». Ese viaje nunca se concretó. Germán no es muy afecto a los teléfonos y nosotros menos afectos a insistir. Luego de un par de intentos, el viaje quedó catalogado en los archivos de buenos viajes por quemar.

las_pelotas_estudio_a_pedal_08

Mayonnaise

Mayo 2013. Tocan «Las Peló Las Peló». En San Juan, en Mendoza. Tocan siempre y en todos lados. Tocan y tocan y tocan.

Siesta, camino a Zonda. Dante maneja La Enterprise Starship, más conocida entre los amigos como el Peuyó. Vamos a conocer a un hato de locos que construyen contrabajos entre las montañas.

—Le voy a mandar un mensaje a Germán, ya deben estar en San Juan. Tocan mañana.
—Dale. A ver si contesta. —Clic, clic, clic, clic. Ya está. Mensaje enviado. Germán devuelve: «Estamos en el hotel, ¿conocés un lugar vegetariano donde comer por acá?».
—Contestó, che, ya están acá.
—Decile que se venga con nosotros a conocer a los «ángeles del contrabajo». — Montañas y más montañas. El autódromo mudo como muñeco de plástico.
—No hay señal acá para poder contestarle.
—Esperate que busco un lugar. Acá. Fijate. No. Ahora. Sí. A ver…
—Mmnó. No se puede. Sigamos.
—Tampoco se puede. No arranca el auto.
—Las pelotas.

Más tarde lo logramos. Quedamos de vernos en el hotel, al día siguiente. Antes del show.

las_pelotas_estudio_a_pedal_07

Si de algo hay que morir, que no sea de éxito

Prefiero matarme manejando yo, que en manos de otro. Viajé muchos años acompañando a los choferes de colectivo, fumando al lado, y vi muchas cosas que pasaban mientras la gente dormía tapadita con sus frazadas y rodeada de buenos sueños.

Es una alegoría del pensamiento filosófico de Germán: «Participo del sistema, pero tengo las riendas, no me conducen, soy parte actuante». 

En las bandas generalmente la historia es que quieren llegar al éxito, y cuando lo logran, los cantantes se vuelven locos, quieren hacer lo suyo, porque su posición es la que mira todo el mundo; los guitarristas creen que gracias a ellos el cantante está ahí; empiezan los celos, la locura el estrellato. Yo he visto eso toda mi vida.

En nuestro caso, la relación entre los miembros de la banda se podría decir que es más socialista. Yo soy un convencido de que la salvación del mundo con una sola persona no existe. Siempre estamos buscando un líder personal, y yo creo mucho en el laburo cooperativo, horizontal.

Para mí cada persona tiene un don, o varios. El instrumento que estás tocando es uno de ellos. Yo no puedo tocar la batería mejor que mi compañero, y espero que él aporte su conocimiento y su don al conjunto. Interactuamos todos con todos. Potenciás tus dones con esa dinámica, y los ponés en un objetivo común. Son muchos cuerpos haciendo fuerza hacia un mismo lugar, no dependiendo de la genialidad de uno.

En la banda laburamos todos, inclusive nuestros hijos. Cooperativa Las Pelotas, si nos apuran un poco.

las_pelotas_estudio_a_pedal_06

Sin ceros

«Ahora sí, vivo de hacer música. Y me pone feliz, pero a la vez te mata. Yo antes escuchaba “…hicieron una gira de cuarenta fechas y quedó agotado el cantante…”, no sé quién. Y yo pensaba “bah, fuckyou…” Una vez hicimos seis fechas seguidas y casi me muero. Es un trabajo. Vivo del rock y me voy a morir así. Tengo el rock adentro. Como ustedes.»

Luca Prodan

Yo aprendí con Luca que las bandas, por ejemplo en Inglaterra, triunfaban siendo lo que eran, con su personalidad por sobre la técnica. Vos escuchabas a los Rolling, los Beatles y eran ellos. Y fueron ellos durante toda su existencia. Buscan y mantienen su personalidad, su espíritu. Y eso es algo que Las Pelotas tiene.  Vos escuchás una canción y sabés que es de nosotros, más allá de que esté tocada como el orto o no. Lo que importa es encontrar el canal de expresión.

Sumo no es algo de lo que no quiera hablar, no es necesario evitarlo. Fue muy importante y es un momento en que la pasé muy bien. Aun cuando fue muy corto, un período mínimo comparado con las bandas que armamos quienes estábamos allí. Y les digo algo: yo era uno de los impulsores de que Sumo siguiera adelante, luego de Luca. Pero después de eso, los egos ganaron el juego.

Sinceramente yo nunca hice música para ser famoso. Me chupa un huevo la farándula, son una manga de imbéciles. Sin tirar mierda – aclara cuando se siente maldiciendo más que de costumbre, cuando se sale de su carril tranquilo – no me interesa nada de lo que hacen, la vida que llevan, lo que consumen y lo que les gusta. Siempre lo mismo –y hace un gesto elocuente de sexo/droga/rock’n roll, como la exégesis del bardo– con el agregado de que la gente famosa está llena de lameortos todo el tiempo. Tienen una tabla de valores que para mí no existe. Reconozco que tengo una personalidad bastante oscura –risas oscuras– pero no me puedo prender en la hipocresía de las cosas que no comparto.

Claro que cuando decís farándula decís rock también, no es ajeno tu mundo a estos vicios del ego.
—Pasa en todos lados. Conozco folkloristas insoportables. Insoportables. La gente vive de los demás. En esos casos se me despierta un poco el lado violento, cuando la gente se alimenta de la vida ajena.
Lo que los demás tienen nos hace pensar en lo que nosotros no tenemos.
—«Estamos con el novio de “Karinavedetonga”, que nos enseña su nuevo auto…». Es de locos. No se puede creer que eso nos importe.

las_pelotas_estudio_a_pedal_05

La suma de todos los miedos

Cuando vos componés algo, cuando laburás con canciones, realmente no te das idea del impacto que puede llegar a tener esa canción en la vida de una persona. Y es algo que pasa muy a menudo. La música genera o dispara cosas en la gente que uno nunca imagina, y eso es una responsabilidad de la que tenemos que hacernos cargo.

El contenido de lo que hacemos es muy importante. Pero no porque es nuestro o porque lo hacemos nosotros. Es porque para la gente es importante, es acerca del sentido que ellos le pueden dar. A mí me consta de gente que ha estado por suicidarse y que ha desistido escuchando alguna canción nuestra, y nos lo ha hecho saber. O dejó la bolsa de falopa a un costado. O tuvo las mejores noches de amor de su vida.

Siempre comento el caso de un pibe autista que reaccionó, se conectó con el mundo de nuevo con una canción nuestra. Y desde ese momento el padre lo lleva a todos los shows en Buenos Aires. Nos cuenta que cada show nuestro son como veinte sesiones de terapia. Y no te lo digo desde el ego, sino desde el poder transformador que puede tener la música y lo que uno genera. Después de eso, no volvés a ser el mismo.

Hay una historia en Argentina que es muy profunda, y no sólo abarca al mundo del rock. Después de la represión, quedó un país que tiene miedo. Miedo a salir, a enfrentar. Apenas se intentó romper esa armonía, con algo minúsculo como en el 2001, personas con cacerolas, salieron de nuevo a matar, francotiradores en las calles de Buenos Aires, en la 9 de Julio. La gente, después de eso volvió a tener miedo de salir. Hay un ser reprimido en el argentino, que tiene miedo que lo maten, y que es natural. No se puede menospreciar. En este país sigue habiendo gente desaparecida, hoy. Ojo. Entonces concluís que decir lo que pensás, o salir a la calle a patear culos, es peligroso.

De todas maneras, en ese contexto crítico, tu posición es privilegiada. Tenés un escenario y un micrófono en la mano.
—Sí, pero me consta que cuando te quieren matar te matan. Y la gente se olvida a los quince minutos.

Y en ese contexto, el rock está estigmatizado. Sigue siendo perseguido. Me decían que acá en San Juan, al Mono de Kapanga, no lo dejan tocar porque sacó la bandera contra la mega-minería. Eso te muestra claramente que el rock molesta cuando se lo propone. Igual tenés que salir a tocar. En el fondo me caga de gusto que nos tengan miedo.

El rock argentino se ha transformado en un rock bastante «cobarde». Tenés tipos que nunca en su puta vida dijeron algo y son estrellas que llenan estadios y tienen mucho espacio en los medios. Hay montones de cantantes que nunca en la puta vida se comprometieron con algo. Parece que por ser rockeros son revolucionarios, pero es mentira. Más allá de que sean amigos, son amigos del rock que nunca se comprometieron con un carajo.

La mayoría de las cosas que uno dice no es comercial. Pero la verdad de la historia es que la gente parece que no quiere escuchar nada complejo. Prefieren a Axel cantando mientras la mina cuelga la ropa. Por eso creo que lo nuestro tiene más valor, porque nunca dejamos de decir las cosas que sentimos. La clave del éxito fue escrito en el año 1998, y todavía es actual. Son actitudes y decisiones: si es más fácil cantarle a la minita que se calienta, qué mierda te vas a comprometer con otras cosas. Estás con la cabeza en eso.

La clave del éxito
es mantenernos dormidos,
comiendo basura en paquetes,
deshojando margaritas,
llorando con la novelita.
 
La clave del éxito
para que estén tranquilos,
todos juntitos jugando al gran bonete,
desde el sillón mirando la pantalla,
nunca te quejes y nunca digas basta,
es… la clave del éxito,
la clave del éxito,
la clave del éxito,
la clave del éxito.
 
¿Juráis con honor y patriotismo
defenderlos cuando ellos quieran?
Si, si, si, si.

(Fragmento de «La clave» de La clave del éxito, Las Pelotas, 1997)

El rock, en los últimos quince años, se ha vuelto muy estúpido, de alguna manera. Y ojo que no hablo de los que vienen de abajo, sino de lo que hay ahora en escena.

las_pelotas_estudio_a_pedal_04

Poné unos discos

No hace mucho tiempo, Fernando Ruiz Díaz (Catupecu) me dijo: «nunca contés de qué se tratan tus canciones. Dejá que cada persona entienda cómo es de ella cada canción». Aun así, el peor crítico de uno es uno mismo. Yo no me bancaría que me diera vergüenza lo que hice, lo que escribí. Hoy no me pasa eso con mi obra. Puedo pensar que había una mejor manera de hacerlo, hoy, a la luz de los medios y el tiempo, pero nunca de lo que dijimos. Puedo explicarte la historia de cada canción desde Corderosprimer disco de Las Pelotas—. Para ese disco salí a buscar amigos que me presten plata para poder grabarlo.

A mí no me da vergüenza sentirme un boludo, porque eso nos permite sacar conclusiones, aprender, ganar experiencia. También sos un boludo, no sos todopoderoso. El mayor problema es hacerse el boludo, no tanto reconocerlo y procesarlo. Aceptar y aprender es algo que suele ser evitado por el orgullo.

Cuando hicimos Amor Seco, lo grabamos en lo que hoy es el estudio de casa, pero en aquel momento era una habitación más. Con una consola muy chica. Y, obviamente, suena para el orto.

—Pero para nosotros lo más importante era no transar.
¿Con las disqueras?
—No, con nosotros. Con tener control sobre lo que hacés.

Recién en Esperando el Milagro dejé de hacer la producción personalmente, y le pasé la posta a Seba. Es un quilombo lindo el tema de producción, es mucho laburo. El productor tiene una finalidad precisa, absoluta. Pero en Argentina hay muy pocos productores «reales». El resto aprende con los músicos, mientras mueve la rueda de la máquina de hacer chorizos.

las_pelotas_estudio_a_pedal_02

El día de la independencia

En un momento los músicos pensaban que había que hacer canciones, estribillos, para la cancha, entonces modelaban la canción para que sonara bien de esa manera. Me pasó de conocer un grupo de rock muy famoso, muy de culto acá, y no poder creer lo boludos que eran en ese sentido. Y pensaba: «¿Cómo puede ser que la gente crea que estos son grosos?».

Sigo pensando que lo importante es no participar de la mierda si no querés que la mierda crezca. Veo a músicos y cantantes muy famosos sin poder despegarse de su twitter, y pienso que algunos son millonarios aburridos.

¿Cuándo te volvés un monstruo como el de tus sueños de infancia? ¿En qué momento la locura de vivir en esta mansión natural nos nubla, nos aliena, nos desconecta? Ser boludo es una misión, en algunos casos, que se ejerce con una seriedad sublime. Aunque ya vimos que Germán no sólo lo reconoce en ajenos, sino en sí mismo también. Es que hay boludos y boludos. ¿No?

Mi mayor problema lo sufrí cuando tuve a mis hijos y tenía que darles de comer con una guitarrita. Cuando es para vos solo, comés arroz y pan, pero cuando es para ellos, no se acaba nunca. Hoy ya estoy hecho con eso. Como ser humano me interesa mucho más poder decir lo que siento, lo que pienso. Participar y hacer participar a gente que piensa como uno, para encontrarse. Y no es por ego, es por alimento mutuo.

Soy músico profesional porque vivo de la música. Podría en realidad ser perfectamente un músico comercial, porque de una manera u otra comercio con mi música, pero digo lo que quiero y no siento que esté transando para canjear dinero por contenido light. Si los principios tuyos pasan por el contenido, entonces está muy bien que tus discos se vendan. Ahí está el mensaje. Si te asociás con una empresa que permite que tu mensaje llegue a muchos más lugares, es mejor aún. El problema es cuando transás tu obra.

Hoy es un cliché el tema de ser independiente. Si ser músico independiente es hacer tu disco, hoy todos lo son, cualquiera puede grabar uno. Hubo mucho alimento basura acerca de eso: los músicos que más dinero ganaron acá dicen ser independientes.

Esto nos lleva a pensar que la independencia a veces se entiende como un perro que se muerde la cola: siendo independientes, ergo no arreglando con grandes disqueras, nos volvimos ricos, que era lo mismo que nos ofrecían las disqueras. ¿Ser rico es no ser independiente? ¿De quién dependés cuando ganaste más dinero que el que te hubieras imaginado? ¿El objetivo final es entonces hacerse ricos nomatterhow? ¿Tener éxito y dinero te quita independencia? ¿Si por tu cuenta y solo, llegás al lugar que de principio te parecía viciado de snobismo y clichés, vale más? Probablemente, y revisitando las palabras de Germán, la independencia tiene que ver con el mensaje, con la fidelidad a tus principios, no con la posibilidad de volverte el mismo monstruo que te asustaba de pibe, pero de manera autogestionada.

La independencia absoluta del sistema lleva a no tener difusión en las radios, no poder organizar shows, no vender más de quinientos discos. Más en el mundo de hoy donde los medios están monopolizados y son parte del poder económico. Si ellos no quieren, «ésta» que te pasan tus canciones. Nadie te pone una propaganda de tu boliche en el diario si no la pagás. El tema es no cambiar el mensaje para vender.

Esperando el Milagro

Voces de noche
dicen que ya no importa
de donde venís
si tenés dinero
podrás alimentar
junto a la miseria
vive el hombre
sin darse vuelta
lejana intuición
porque tenías razón
dentro del palacio
los jueces se ríen de vos
finalmente descubrimos algo.
esperando el milagro
de creer que un día
llenarás la fuente
cambiarás tu vida
sobre la cornisa
sobre la cornisa.
esperando el milagro
suspirando penas
casi sin aliento ni fe
pasarás los días
sobre la cornisa
sin saber por dónde
suspirando penas
casi sin aliento.

(«Esperando el milagro» del disco Esperando el milagro, Las Pelotas, 2003)

Lo que antes era rebelión ahora es look. Las crestas de los 80 eran antisistema. Hoy es moda. El sistema se comió a los rebeldes.

Enseñales a tus hijos a diferenciar qué es lo que te gusta. Eso les hace bien.

La guita no es vida, la guita te mata, la guita hace guerras, la guita hace todo. La guita es Dios, es muy curioso. Podés ser un sorete groso, gente de mierda, vivir en countries y ser considerado un buen tipo, sólo por lo que aparenta tu auto.

Los padres tienen una función, y lo peor de todo es la contradicción. Les decís que no hagan esto y te ven haciéndolo a vos. Lo esencial son los principios. No podés hacerlos vivir fuera del sistema, porque el sistema es el mundo. Pero no podés dejarlos solos sin mostrarles el camino en el que creés.

El virus usa el sistema para derribar; usa sus armas, sus medios, sus miedos. El virus, en un momento, se vuelve el mismo sistema. Y allí aparecerá otro que lo destruya nuevamente.

Cuando el sistema regla, domina, lo mejor es atacarlo desde adentro, con sus propias armas, usar su fuerza.

Las Pelotas usa la fuerza del sistema para disparar contra él.

Los tiempos han cambiado sin querer
pero el viaje sigue igual
No alcanza con que pierdas la memoria
sabés , el viaje sigue igual
Si no querés que se acabe la huella,
descorcharás las estrellas
Llamando al futuro
con las manos claras
pudiendo abrirte el alma
de una vez
¿No estás cansada de buscar tus pies?
no encuentras nada que te dé
compartiendo el refugio tienes algo
abrigo en tu piel
Llamando al futuro
con las manos claras
pudiendo abrirte el alma
de una vez

(«Buscando un cambio» del disco Basta, Las Pelotas, 2007)

facebook comments: