Hace años, boca seca y la noche goteando mercurio en nuestros hombros, Jack Daniels me conversaba mientras apuraba un trago de Blenders con Torasso Cola:
- San Juan tiene ese no qué se…
- No-se-qué, Jack.
- ¿No secaste? ¿Tiraste el whisky?
- No Jack, déjalo así.
En aquel momento, Jack estaba tendido a orillas del agua, estrellas selladas en la alfombra negrazul del cielo de Ullúm, mientras con un pié acariciaba un alacrán que había acampado cerca nuestro.
Aquel ejercicio reflexivo quedó flotando en mi inconsciente durante años. “San Juan tiene ese no que se”. ¿Qué habrá querido decir Jack?
San Juan es un extraño lugar, y sin ánimo de asustar a potenciales turistas, hay que darse un baño de siesta antes de animarse a desembarcar en él.
Si el periplo comienza poniendo un pié en el colorado piso de la terminal de ómnibus, de calle Estados Unidos al sur, tenga en cuenta lo siguiente:
- Verá un micro-tumulto de seres casi-humanos agrupados contra un muchacho, ocasionalmente de camisa azul, casi al final del costado derecho trasero del bus (bondi).
- Diríjase hacia la bola viviente de manera sigilosa, levantando la mano izquierda con el ticket del equipaje, mientras que con la derecha busca cuidadosamente una moneda de máxima denominación. Mantenga la moneda entre los dedos índice y medio. Más tarde le indicaremos cómo usarla.


